Le escribo con mucho respeto.
Sé que no me conoce.
Y sé que lo que ha visto de mí hasta hoy
no cuenta la historia completa.
Esto es mi intento honesto de cambiar eso.
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No tuve una infancia fácil. Mis papás se divorciaron cuando tenía cinco años y crecí moviéndome entre dos casas, dos ciudades, sin mucha estabilidad.
No le cuento esto buscando compasión — se lo cuento porque de ahí viene todo lo que soy. Me enseñó desde muy joven que si quería algo, iba a tener que construirlo yo.
De adolescente aprendí a programar solo. Fue lo primero que sentí realmente mío. Con el tiempo fui encontrando mi camino — invirtiendo, emprendiendo, equivocándome, aprendiendo.
Hoy mi enfoque principal es Avoqado, una plataforma tecnológica para comercios que llevo dos años construyendo y que ya está en operación. También estoy en proyectos de desarrollo inmobiliario y de infraestructura tecnológica.
No le comparto esto para impresionarlo. Se lo comparto para que sepa que tengo un camino propio y que lo construí con mis manos.
Vengo de una familia trabajadora. No tuve un camino fácil pero tampoco busco que eso me defina.
Desde joven aprendí a programar y eso me abrió un mundo. Con el tiempo encontré mi camino en la tecnología y los negocios.
Hoy mi proyecto principal es Avoqado — una plataforma de gestión para comercios que llevo dos años desarrollando y que ya está operando. Tengo proyectos en desarrollo inmobiliario e infraestructura tecnológica.
No es un imperio. Es un camino que estoy construyendo con seriedad y con la convicción de a dónde quiero llegar.
Su hija es luz.
No se lo digo como frase — se lo digo como alguien que ha tenido el privilegio de ver quién es ella de verdad, de cerca, todos los días.
Tiene un corazón enorme. Una perseverancia que no conozco en nadie más. Y unos valores familiares como nadie.
Es más fuerte de lo que el mundo ve. Es más inteligente de lo que ella misma se da crédito. Tiene un humor que muy pocos conocen pero que a mí me ha salvado más veces de las que puedo contar.
Y pone a su familia antes que a ella misma. Siempre. Eso lo aprendió de algún lugar — y sé que gran parte viene de usted.
Ella me ha hecho mejor persona. Me impulsa a crecer en todo aspecto. A veces no me gusta escucharlo, pero eso es exactamente lo que hacen las verdaderas parejas.
Me calma cuando mi cabeza no para. Confía en mí cuando ni yo confío en mí. Y me hace querer ser mejor sin tener que pedírmelo.
La conexión que tenemos va más allá de lo que yo mismo puedo explicar. Nos entendemos de una forma que no he tenido con nadie. Somos equipo — lo que uno no puede, el otro sí. Nos retamos, nos cuidamos, crecemos juntos.
Hay una frase que llevo conmigo:
"No te cases con la persona más guapa, ni con la más divertida o interesante. Cásate con aquella cuyo carácter te dé la certeza de que cuando las cosas se pongan difíciles, ambos van a querer resolverlo juntos."
Esa persona, para mí, es su hija.
Quiero construir una vida con su hija.
Lo digo con todo el peso que esas palabras tienen y con todo el respeto que usted merece como su padre.
Quiero darle un hogar estable.
Quiero formar una familia con ella.
Quiero que sus hijos crezcan con ambos padres presentes,
con respeto y con lealtad como base de todo.
Y quiero que ella nunca, ni un solo día,
dude de que tiene a alguien incondicional a su lado.
Sé que puedo hacerla feliz.
No porque lo crea —
porque llevo cuatro años y medio demostrándolo.
Conozco sus heridas y las cuido. La reto a crecer sin dejar de cuidarla. Y estoy dispuesto a hacer el trabajo difícil del día a día, que es donde los matrimonios de verdad se construyen.
No le pido que confíe en mí hoy.
Le pido la oportunidad de ganarme esa confianza
con el tiempo y con hechos.
Y hay algo que quiero que sepa: nunca he hablado mal de usted con ella. Cuando han existido momentos difíciles, siempre le he dicho lo mismo — usted es su papá y eso no se discute. Siempre voy a querer que entre ustedes haya cercanía.
Me gustaría mucho tener su aprobación.
Solo le pido unos minutos de su tiempo.
¿Cuándo le viene bien?
Gracias. Ahí estaré.